Free counter and web stats

martes, 11 de febrero de 2014

Sentido Crítico

La gran mayoría de nosotros a diario nos vemos expuestos a algún medio de comunicación. Aun eludiendo voluntariamente la televisión y las notificaciones por internet, siempre pasa algo o alguien que de alguna forma nos mantiene al día de lo que pasa en el mundo más allá de la oficina. De otro lado, los más entusiastas han hecho de los audífonos una extensión del cuerpo y sirven casi como antenas biológicas, haciendo extensivo lo que sea que estén escuchando.

En las mañanas, el bombardeo de información que muchos tratamos de procesar en el intermedio del ritual “vestirse-desayuno”, queda en su mayoría mal digerido, pues el acto de escuchar se ha transformado por el de oir y en esa misma medida los sonidos de las radios son casi ruido blanco que nos sirven para distraernos del sonido de los automotores, el aplastamiento en los buses y el choque de los zapatos contra el asfalto.

Suponemos que por el hecho de recibir más datos, declaraciones, informes o fotografías estamos un paso más allá sobre alguien, cuando en verdad los datos no se convierten en información y ésta en inteligencia por sí misma, sino que requieren por parte de sus receptores de un criterio propio para direccionar lo recibido y proceder a formar una idea original.

Esto, sin embargo, no es común de ver en nuestra sociedad y se ve evidenciado tanto en la religión como en la política. La percepción individual sucumbe ante la presión social y antes de formar un criterio mínimo para trabajar con los pros y los contras de las ideas que fluyen en nuestro entorno, estamos vinculados casi permanentemente con una confesión espiritual y social cuando apenas somos capaces de reconocer al sujeto que se refleja en el espejo.

El resultado es una nación que se niega a pensar, y presa de la negación espera algún día que una fuerza mística ponga gente que los dirija bien, empresas con sueldos generosos sin horarios extendidos no pagos y calles pavimentadas… al menos. Lo cierto es que si desde temprano no se alienta la construcción de un pensamiento encaminado hacia la duda en vez de hacia insatisfactorias respuestas, podemos resignarnos sin duda a obtener resultados similares a los de hoy.


Mientras no se formen escuelas y hogares que trabajen en la tendencia natural que teníamos cuando éramos niños, donde curiosos indagábamos en todo, preguntas diferentes a donde vamos a comer esta noche, que celular voy a comprar o que vestido me pondré el día de mañana seguirán teniendo prioridad en nuestras cabezas. De momento, el ruido de las radios y el brillo de los televisores seguirán llegando a nosotros como una suave y adormecedora brisa radioactiva.