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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Fútbol... el mejor espectáculo del mundo... ¿aún?

Desde que tengo uso de razón, he estado cerca de las canchas y los balones. Las mañanas de los domingos eran dedicadas a ver fútbol italiano, cuando aún el Parma era grande y Faustino Asprilla galopaba los campos europeos. La primera vez que vi a la selección jugar fue en el mundial de Italia 90. Recuerdo haber visto el partido contra Alemania más no tengo recuerdo alguno del encuentro en octavos de final contra Camerún... aunque si recuerdo haber visto en la tele una imagen donde una persona cubierta por una capa negra "asaba" en una sartén a Rene Higuita, gran culpable de la caída contra el equipo africano. Mi primer uniforme fue el Atlético Nacional de Medellín. Había pedido el uniforme del equipo campeón, mas mis padres confundieron mi deseo que originalmente era por Brasil y me dieron las vestiduras verdes y blancas de Nacional. El uniforme me encantó y desde entonces soy seguidor del equipo (no hincha, pues ni voy al estadio ni tengo camiseta de ellos ya)

Muchos años y campeonatos han transcurrido desde entonces. Han habido grandes partidos, artistas del balón como Ronaldinho, Zidane y Rivaldo, además de cantidad de escenas memorables. Sin embargo al ver un partido desabrido como el de Santa Fe y Nacional (de Uruguay) uno realmente se pregunta si el deporte rey ha entrado en una etapa de mediocridad y resultados sacrificando el espectáculo, del cual precisamente se considera abanderado. Hay equipos que desde luego es un placer aún ver (Barcelona, Real Madrid... en menor medida Bayern Munich, Manchester City), pero en términos generales ver fútbol se ha convertido en algo que incluso raya con el aburrimiento.


                                       https://www.youtube.com/watch?v=UQOdst2BqoA

En partidos como el que acabo de mencionar, es increíble la relajación y el conformismo de un equipo que salió a la cancha sin ambición alguna frente a su propio público y en consecuencia se llevó una derrota, que si bien no lo eliminó del torneo, no deja muy contenta a su afición... aunque de todo hay en las gradas. Este espectáculo se replica en cantidad de partidos donde la garra y el deseo de lucha se terminan cuando el jugador incursiona en el área grande y se deja caer fulminado cuando el balón se le escapa y hay una pierna enemiga acercándose. Los reclamos permanentes, las "manitos" pidiendo tarjeta cuando pitan falta, la quemadera de tiempo, el close-up al jugador deshaciendose de algo en la boca y la permanente entrada de las camillas han hecho de este gran deporte un espectáculo del engaño y las mañas. Muchos equipos juegan a no dejar jugar al otro y los jugadores han perdido chispa y locura, de lo cual se trataba en verdad el juego.

Hay ligas que aún despiertan emociones como la inglesa y hay tremendos jugadores como Lionel Messi, quien a pesar de ser el mejor del mundo no vive tirado en el piso pese a las recias faltas, ni modelando cada vez que mete un gol o se come uno... como sucede con su máximo rival merengue, impuesto por los medios.

De resto, ver fútbol se ha vuelto algo aburrido y tedioso. Fácilmente se resuelve el dilema de pagar trescientos mil pesos para ir a un estadio o ir a un concierto. Ya ni los grandes jugadores aseguran diversión.



Puede ser que mi visión del deporte haya cambiado. Puede ser que mi perspectiva de diversión haya sufrido una metamorfosis. Puede ser que la pasión segadora haya menguado y pueda ver el juego de forma objetiva... como lo hacen muchas mujeres todavía. Lo que es cierto es que tras ver los esfuerzos de ciclistas, bicicrosistas, pesistas, rugbistas, etc., uno siente como si la garra y el honor del deporte se hubiese dispersado hacia otras disciplinas. De momento (no voy a negarlo) seguiré asomándome a la pantalla para ver si aún queda algo de la magia de aquellos domingos en la mañana... aunque lo más probable es seguir viendo el espectáculo de clavadistas y actores de reparto, que aún fortalecidos físicamente con el entrenamiento diario, caen al suelo como muertos cuando sus rivales les acercan una mano para saludarlos.

Que ruede la pelota...

martes, 15 de septiembre de 2015

Creced y Multiplicaos... pero con moderación

Hoy he decidido tocar un tema muy delicado y seguro heriré susceptibilidades, pero quiero hablarlo por ser algo que he tenido en mente por un buen tiempo y también por el de hacer expansiva una posición que muchos comparten más no se atreven a decirlo... después de todo, los bebés son lindos... ¿no?

Pues... no, ya no me parecen tan bonitos como antes. Si bien su apariencia tierna y pura conmueve a casi todo el mundo, lo cierto es que en unos años la gran mayoría de esos pequeños van a ser quienes sigan alimentando un sistema que se beneficia de salones de clases repletos (donde un profesor a duras penas logra despertar interés), la sobreoferta laboral  y sueldos ridículos. No vemos que los miles de oficinistas adormecidos colgados del tubo de un bus repleto en la mañana van a ser reemplazados y superados en número por toda una camada de bebes y niños no muy bien planeados que afianzarán un modelo donde se benefician unos pocos a costa del esfuerzo de muchos.



Desde luego hay gente que ya tiene un hijo siendo muy joven y de alguna forma son errores producto de las hormonas, pruebitas de amor y la experimentación. Lo que se me hace increíble es que entre varios de ellos y ellas persiste el deseo sin sentido de continuar en la misma vía y llegan a aportar dos o tres niños más al sistema en pocos años sin siquiera poder dar abasto con las necesidades del primero. Se consolida lo anterior con un grupo social donde se comparten las mismas aspiraciones, cerrando un círculo que asegura en la mayoría de los casos pobreza y escasas oportunidades de superación. 

De fondo, hay una inconsciencia absoluta del daño a gran escala al traer bebés a un mundo sobrepoblado. Las justificaciones más ridículas para tenerlos y que increíblemente sobreviven a los tiempos modernos son aquellas que esgrimen la necesidad de un pequeño porque uno pronto pronto va a estar viejo y no va a poder tenerlos, porque se va a morir solo, porque es mejor tener los hijos temprano para que lo vean a uno joven, o mi personal favorito... porque un bebé le da sentido a la vida. Son todas de una postura absolutamente miope y egoísta. No está estipulado que uno tenga que tener bebés para tener una vida integral y plena. Adicional a esto, la idea de desconocer las responsabilidades que trae un niño cegados por la necesidad de llenar un vacío existencial es algo que solo se puede explicar por un pésimo adoctrinamiento en el hogar, falta de un oficio estimulante o poca observación al mundo que rebosa de cosas bellas y fantásticas que estudiar y experimentar. Traer un bebé para no sentirse solo o para que lo cuide a uno cuando envejece es una apuesta igualmente irracional. La primera se puede compensar con amistades o donando tiempo a causas sociales. Respecto al cuidado al ser viejos, uno mismo se lo debe procurar siendo joven de tal forma que económicamente uno asegure un ingreso posterior al retiro, ya sea por inversiones o por la pensión (bueno, un ligero chiste para completar).

La perspectiva respecto a la reproducción debe redefinirse empezando por lo que se dicta en los colegios y lo que se pregona en los hogares, donde se debe estimular desde temprano una consciencia mucho más global a nivel social. Mentiría si digo que la idea de la esterilización programada no me seduce y creo que puede ser una solución final así como las políticas chinas sobre número de hijos permitidos. Sin embargo, conservo de alguna forma la esperanza de que no haya necesidad de una invasión tan profunda a las libertades y se pueda generar conciencia (podemos soñar despiertos...)

Para finalizar, quiero que el lector vea la decisión de no tener hijos (o al menos de no tenerlos si aún no se ha independizado, no tiene estudios o fuentes sostenidas de ingresos) como el grano de arena que podemos aportar, y que de hacerse masivo, puede generar un impacto que finalmente beneficie a la civilización a largo plazo. Por otro lado, no es mucha mi ilusión al respecto, ya que así como valoramos mucho más las políticas de gobierno respecto a las de estado, un proyecto de largo aliento y de estas dimensiones solo puede acogerse el día en que colapse la economía o el ecosistema, pues somos seres que por naturaleza tendemos a lo inmediato y no vislumbramos fácilmente algo de estas dimensiones hasta que sucede una catástrofe.

De momento no es más. Seguiré dejando ideas para los pocos y fieles lectores. Desde luego se valen contraargumentos... mientras no se confundan con posiciones pasionales y el discurso de las masas.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Tonterías de la vida - Salas de cine

Hoy cumplí la cita anual con la nueva película de Woody Allen. Como siempre es una experiencia diferente. No hay explosiones, ni secuencias computarizadas... o espectros omnipotentes que mueren mágicamente si los alumbra una linterna... Es un cine de seres humanos, situaciones hilarantes y una estética sumamente bien cuidada. Como leí en alguna reseña, sus películas sirven casi como guía turística. 

Aparte del placer que me producen, volví a disfrutar la experiencia de una buena sala de cine y un buen ecosistema en la sala. Admito que mi entusiasmo por la pantalla grande ha menguado un poco y hay varios factores que influyen. Puedo considerar que soy obsesivo con algunas cosas, pero no creo ser el único que se molesta con varios factores ambientales:
  • Gente que no puede quedarse callada por dos horas... Y aún hay bárbaros que se atreven a contestar y hacer llamadas
  • Añadir a lo anterior, novios en plan conquista que no tienen reparo en dañar escenas perfectamente elaboradas para hacer reír a la novia de turno... inaceptable, excepto en películas que nunca debieron haberse producido como Batalla los Ángeles o en cualquiera de Dago García
  • Las luces de los smartphones 
  • Gente que nunca aprendió a comer con la boca cerrada
  • Las tradicionales patadas en los espaldares
  • Sillas sin aceitar
  • Gente agripada incapaz de llevar pañuelo alguno (esto solo ha sucedido un par de veces, he de admitirlo)
Creo que la lista no se puede alargar mucho más, aunque he de decir que de estos males, el espíritu impío de whatsapp es el que más se ha proliferado. Es imposible ver ya película alguna sin que se prendan luces, como luciérnagas.

De momento es todo. Un artículo sin trascendencia alguna, pero siempre es bueno volver con algo. Feliz domingo!