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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Us and Them

Los últimos eventos electorales a nivel mundial y local han producido una sacudida importante respecto a nuestra concepción de la realidad. Seguramente en nuestros muros de facebook recibíamos toda clase de articulos, memes y videos que apoyaron el voto del SI en el plebiscito Colombiano. Misma fórmula para las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Sin embargo, ambos casos (sumados al Brexit en Reino Unido) parecen mostrarnos cuan lejos estamos de lo que en verdad pasa en el pensamiento colectivo y cuan grande es nuestra miopía respecto a lo que en verdad sucede en el mundo.

The New Yorker

Artículos de opinión, programas de radio, debates televisivos... parecen ser hoy inútiles frente a un buen slogan, una figura carismática, un provocador o el payaso de turno. Herramientas que exaltan las emociones y nublan el pensamiento. Frases pegajosas, presión de grupo y la nueva (y reencauchada) joya de la corona, la desinformación, conforman el desayuno, almuerzo y comida de miles. Demasiadas opiniones artificialmente formadas, disfrazadas de criterio propio.

                                           
FNN: Hispanic Woman Goes Nuts For Donald Trump. Youtube

Lo cierto es que desconocemos la realidad del mundo y creo que llega una etapa de incertidumbre, al menos mientras encontramos los canales y los medios que impulsan realmente el inconsciente colectivo para, quizás, redirigirlo. De momento las decisiones están tomadas. En el caso de los Estados Unidos, es claro el futuro que se espera. Si hay algo que rescatar de Trump ha sido su casi obscena franqueza. Muy seguramente habrá un endurecimiento en el trato hacia los inmigrantes, habrá un trato duro para los musulmantes y habrá algo de "sana" misoginia en el intermedio. De lo que podemos estar seguros es que habrá entretenimiento por montones, cientos de especiales presidenciales, análisis, caídas de bolsa, persecuciones, etc. Como bien diría una vieja frase: Los artistas utilizan las mentiras para decir la verdad, mientras los políticos las usan para ocultarla. Hoy, sin duda, han ganado las verdades de los políticos... 

Los dejo con George Carlin. Hasta el próximo post.


                                         
George Carlin - Fan de la Entropía (Subtitulado). Youtube


miércoles, 11 de mayo de 2016

Neurolíder

Los tiempos han cambiado y la forma como vemos un buen líder hoy es casi radicalmente diferente a como lo era hace veinte años. Hoy en día son mucho más valoradas las virtudes sociales de un dirigente respecto a su capacidad intelectual. Esta tendencia ha permitido que personas hábiles en el manejo del talento humano sean puestas en cargos donde el estrés y la falta de instrucciones claras hacen del día a día una tortura para cientos de personas en todo el mundo (si bien hay casos de personas socialmente muy hábiles en cargos directivos pero cuyas habilidades son muy limitadas).



La creación de valor hoy en día está más enfocada en cosas que a largo plazo convienen a las organizaciones. La pasión, la creatividad y la iniciativa son mucho mejor vistas respecto a valores tradicionales como la obediencia y la diligencia, en especial, porque los líderes de hoy esperan que quienes trabajen para ellos los corrijan a tiempo ante decisiones trascendentales.

La consciencia y el control de las emociones es clave para la dirigencia de hoy. Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional nos introduce con un ejemplo a este campo. Un bebé llora incontrolablemente hasta que lo alimentan o le cambian el pañal. Esa reacción no la aprendió. Viene incorporada en él. Lo que cambia al crecer es la consciencia que tiene sobre esa situación para manejarla y utilizar el llanto en función de las emociones respectivas. Este ejemplo nos hace ver como la diferencia de un líder no radica en la inexistencia de una o varias emociones sino en la consciencia que tiene de ellas y de cómo canaliza la frustración o el éxito con el fin de mantener un equipo de trabajo motivado hacia un fin. El secuestro amigdalino, sin embargo, tendrá sus momentos y creo que está bien saber que aunque nuestra corteza prefrontal ha evolucionado permitiéndonos el control sobre nosotros mismos, la biología del cerebro hace que una reacción rápida, emotiva y desmedida esté siempre latente y más en esta época, donde a pesar de tener la tecnología que nos haría libres para trabajar solo unas horas al día, vemos a la gente absolutamente absorbida por horarios laborales extendidos y una interminable serie de tareas.


Es precisamente en este punto donde vemos al sistema nervioso actuar. Los sistemas simpático y parasimpático son utilizados permanentemente y el reto es poder controlar los momentos de intranquilidad y estrés con aquellos más lentos o aletargados con el fin de lograr equilibrio.

El apego, por otro lado, es un arma de doble filo que puede hacernos sucumbir ante prejuicios y elegir/descartar personas solo por cuan bien pueden caernos. Los introvertidos, por ejemplo, podremos caer en juicios errados sobre los extrovertidos al catalogarlos a todos como personas descuidadas, vividoras e irresponsables. Por otro lado, los extrovertidos pueden pensar de nosotros que somos personas solapadas o en quienes no se puede confiar (pues al no tener la necesidad de hablar permanentemente, se piensa que siempre nos reservamos algo de información).


En definitiva, el liderazgo carismático y transformacional (al que se aspira hoy en día) se fundamenta no en la eliminación de las emociones sino en su efectiva canalización. La introspección es clave, pues más vale uno mismo darse cuenta de sus defectos de carácter y trabajar en ellos en vez que estos afloren en una era de altas tensiones y carreras interminables.

martes, 26 de abril de 2016

El hombre que confundió el erario con su cuenta bancaria (Parte III)

Pasando a la memoria, la base de su funcionamiento es la creación de nuevas redes neuronales que se activan en conjunto cuando relacionamos un recuerdo con otros. Tenemos tres tipos de memoria diferentes. La memoria inmediata nos permite recordar mientras ponemos la atención en el momento, pero de diluye rápidamente. La utilizamos por ejemplo cuando vemos un partido de fútbol. Recordamos como fueron los pases previos a una acción importante, pero tras finalizar el partido y transcurridos unos minutos (o cervezas) solo tendremos en mente los goles. La memoria intermedia permite almacenar recuerdos por unos días. Por ejemplo, podemos recordar que en una de nuestras clases el profesor llevaba una chaqueta especialmente horrible, pero detalles como si la combinó con pantalones oscuros o zapatos elegantes tienden a ser más confusos. Otro tipo de memoria es la memoria de trabajo. Ella trabaja permanentemente y la podemos ver en acción en procesos de rutina como cepillarnos los dientes. Por último, la memoria a largo plazo nos permite almacenar recuerdos en periodos de tiempo prolongados. En este caso, el hipocampo juega un papel crucial, pues sirve como localizador de recuerdos y a la vez funciona como almacén de recuerdos. La parte lateral del lóbulo frontal también interviene al guardar el significado y uso de las cosas más no somos capaces de recordar cuando adquirimos ese conocimiento. El uso de herramientas cotidianas como el habla o la escritura están ligadas a esta zona del cerebro. El cerebelo también tiene su parte al almacenar recuerdos ligados a acciones como tocar un instrumento o manejar un automóvil.

La memoria se consolida cuando la logramos conectar a situaciones que nos emocionan, hayan puesto en peligro nuestra integridad, sean fáciles de comprender, sean prácticas, relevantes o que sean acordes a nuestro sistema de creencias.

Por otro lado, tendremos problemas al recordar cosas poco relevantes para nuestra existencia, de baja activación emocional, que practicamos rara vez, difíciles de comprender o aquella que se encuentra en medio de un discurso (recordamos fácilmente lo del principio y el final).



El último componente de esta historia es la motivación. Influye en la memoria y la atención de manera decisiva. Al procesar y clasificar el cerebro un estímulo como algo beneficioso, placentero o con potencial de recompensa, carga tal recuerdo de neurotransimosres como la adrenalina, noradrenalina y (redoble de tambores) dopamina. Al llegar a nuestros lóbulos frontales, vienen cargados con una especie de combustible que disminuye la fatiga y la sensación de esfuerzo. Sin embargo, podemos ver afectada nuestra percepción de los hechos por esta sobrecarga. Así como en el amor, podemos estar ignorando las fallas y desperfectos de nuestros pensamientos e ideas si estas vienen acompañadas de una sensación fuerte de entusiasmo. Cuando la dopamina mengua, vemos las imperfecciones de la otra persona (no sabe combinar la ropa) y nuestras ideas (hay un error aritmético en la página dos de la tesis)…. viendo la realidad como es.



¿Cómo podemos aplicar estos principios a disminuir los índices de corrupción? Primero, creando poderosas relaciones emocionales y publicidad extremadamente llamativa. Una pieza publicitaria que refleje y recuerde con nombres propios políticos corruptos pero que logre ver que quienes los pusieron en el poder fuimos nosotros causaría un gran impacto. También, mostrando desde los primeros años de formación escolar que las cosas funcionan no como partes individuales sino como un sistema, creamos desde el principio un cambio de perspectiva no solo a nivel de integración de conocimiento (las matemáticas me sirven para fabricar guitarras eléctricas) sino a nivel de conciencia social. Por último, recrear de la forma más tangible posible el fenómeno de la corrupción es clave para concienciar a un público adulto sobre los alcances de estas acciones y de que cada uno de nosotros aporta positiva o negativamente al sistema cuando elegimos proveedores por los viáticos que nos ofrecen, no devolvemos dinero cuando por error nos dan más al pagar una cosa o cuando descargamos ilegalmente un videojuego (mea culpa… mea culpa).

Todo lo expuesto anteriormente es solo una perspectiva más respecto a un mal que desde el principio ha acompañado y afectado nuestra civilización. Supuestamente todas las personas tenemos un precio... o eso es lo que al menos piensan algunos publicistas, mercaderes de drogas y vendedores de tiempo compartido. Los límites de nuestra verdadera honestidad no se pueden probar en frío cuando hablamos con nuestros amigos en un ambiente controlado. Se prueban cada vez que nos llegan sobornos, nos acercamos a un sueño a costa de pasar por encima de otros o revelamos información a cambio de sexo (si, así de claro). Lo único realmente útil que podemos hacer por nosotros mismos es conocer y aceptar esos límites para evitar algunas situaciones, o si la caída es inevitable, sepamos al menos hasta que punto el tropiezo puede dejar su respectiva marca.

martes, 19 de abril de 2016

El hombre que confundió el erario con su cuenta bancaria (Parte II)

Existen dos tipos de aprendizaje. El implícito que se produce de forma automática, se aloja en la memoria de largo plazo y es vital para la supervivencia. Un ejemplo de esto es cuando aprendimos que el metal, tras exponerse al calor, toma un tiempo en enfriarse aun cuando no está al rojo vivo. Lección dolorosa para quienes crecimos en casas con estufa eléctrica. De ahí, que cuando surge una situación similar procuramos, al menos, usar un guante o sujeto de prueba (entiéndase, primos lejanos) para evitar pasar por la misma situación.

El segundo tipo de aprendizaje es el explícito. En este caso, estamos plenamente conscientes de que estamos asimilando una lección y tiende a ser de difícil retención respecto al aprendizaje implícito, pues en la mayoría de casos no hay una asociación emocional implícita.



El cerebro procesa la información proveniente del mundo exterior y trata de dotarla de contexto. Para esto, se crean nuevas conexiones neuronales o se utilizan las existentes. Es exitoso el aprendizaje cuando se logra incorporar a un bloque de información. Por ejemplo, podemos pensar en la bandera de España y asociarla con Barcelona, Madrid, Miguel Bose o la paella. Cuando percibimos un estímulo procesado por la amígdala, se crea la asociación emocional, luego llega hasta los lóbulos prefrontales donde se asocia el evento (la estufa está caliente) con sus atributos dependiendo de nuestra experiencia previa (por ejemplo: puede quemarnos, debo usar guantes, podemos cocinar las verduras).

La atención inconsciente permite filtrar la información de nuestro entorno y detectar cambios. Sabemos que es limitada, pues el cerebro evita tener una sobrecarga ante el bombardeo de 11 millones de unidades de información por segundo. En este sentido, el primer filtro que realiza nuestro cerebro lo hace el SARA (Sistema Activador Reticular Ascendente). Filtra el 95% de la información y es sensible al cambio.


El color, el movimiento, el suspenso y la sorpresa lo activan. Tras haber sido filtrada la información, el tálamo de da un contexto de acuerdo a lo que percibimos con los demás sentidos y pasa al complejo amigdalino que le dará una asociación emocional y transportarla finalmente a la corteza prefrontal. Podemos darnos cuenta que primero se genera una emoción y luego la razón que la acompaña. A esta situación, Joseph Ledoux la denominó con los nombres camino corto y camino largo. La generación de la emoción toma alrededor de 125 milisegundos, mientras el juicio lógico tarda 375 milisengundos. De ahí que haya nacido el concepto de secuestro amigdalino o emocional, pues antes de darnos cuenta de cualquier situación de forma racional, ya nuestro cuerpo ha reaccionado de forma positiva o negativa ante una situación.

La atención ejecutiva por otro lado es aquella que activamos de forma consciente y cuyo objetivo es enfocar nuestra atención sobre una tarea ignorando las distracciones del entorno. Demanda una gran cantidad de energía y se estima que empezamos a usarla al tener entre 3 y 4 años.

Asi como el SARA nos sirve para filtrar información, el cíngulo o corteza cingular anterior nos ayuda a mantenernos enfocados aun cuando nuestro vecino insista en taladrar su pared mientras intentamos memorizar los acordes de una nueva canción de Arjona… perdón, de Gustavo Cerati.

El cerebro no puede sostener la atención de forma permanente y hoy sabemos que podemos obtener atención total de una persona durante unos 10 minutos máximo, después de lo cual solo tendremos su atención parcial por un periodo aproximado de 45 minutos a menos que reactivemos el proceso cerebral con algún cambio.

El cerebro enfocado, sin embargo, siempre está pendiente del entorno por cuestiones de supervivencia. Si nos entregáramos de lleno a una actividad, seríamos incapaces de percibir amenazas exteriores como un posible atacante o recordar el arroz que dejamos cocinando hace dos horas. En el proceso de aprendizaje, es importante inducirnos a mantenernos motivados, seguros de que vamos a aprender, curiosos, graciosos (por ejemplo: Sociometer = tengo un socio de un metro de altura) y en lo posible procurar ambientes con pocos elementos distractores...(continuará)

martes, 12 de abril de 2016

El hombre que confundió el erario con su cuenta bancaria (Parte I)

No son extraños los casos donde el dinero recaudado en impuestos se evapora y no precisamente por causa del calentamiento global. Casos abundan todo el tiempo y así como florecen los titulares de prensa denunciando toda clase de políticos, empresarios y contratistas, de igual forma tales acontecimientos desaparecen de forma rápida de nuestras mentes.

Abordar la corrupción desde las neurociencias no es algo que abunde en las conversaciones entre intelectuales y ciudadanos preocupados. Sin embargo, un espléndido y muy digerible libro puede darnos luces al respecto y de paso ayudar a mejorar los índices de lectura de nuestros países (http://es.scribd.com/doc/34324535/Corrupcion-Cerebro-y-Sentimientos-Una-indagacion-neuropsicologica-en-torno-a-la-corrupcion#scribd). 



Para iniciar, sabemos que nuestras conductas están predispuestas por nuestros genes y el entorno en el que crecemos. Aún hoy, el instinto de supervivencia y conservación sigue siendo muy fuerte. Abordamos retos con máxima creatividad, pero hay un punto donde la inventiva roza los límites morales y no en pocas ocasiones pasa por encima de tales barreras con el fin de podernos hacer de aquel coche último modelo (ver la película The Big Short puede ser bastante ilustrativo).

En este sentido, vale la pena imaginar el momento en que, tras un delito, víctima y victimario se encuentran. El criminal, tras ser capturado y confrontado con su víctima puede sentir culpa y arrepentimiento. Esto, gracias a las neuronas espejo y a la llamada Teoría de Mentes (ToM). Ellas, nos permiten recrear en nuestro cerebro una imagen de cómo se sienten las personas que nos rodean y replicar tales sensaciones dentro de nosotros. Entre más cercana sea la relación o la confrontación entre víctima y victimario, más alta será la disposición a renunciar a la conducta indebida e incluso a tratar de compensar al afectado. La ínsula interviene también para ayudarnos a comprender la situación de la otra persona. Es una especie de simulador incorporado por medio del cual podemos sentir (de alguna forma) la frustración o el enojo de los demás.

Pero, ¿por qué sabiendo esto nuestros cerebros son incapaces de interiorizar la corrupción como el gran fenómeno y enemigo a derrotar? La respuesta está en que a menos que tengamos una relación emocional y consiente de tales efectos, nuestra percepción sigue viendo la corrupción como un fenómeno que solo afecta a gente y estructuras lejos de nuestra vida cotidiana. Cuando se trata de algo tan abstracto como la propiedad pública, la mente es incapaz de visualizar fácilmente a las víctimas de un presupuesto mal elaborado o de la prolongación en la reparación de una vía principal.

Un efecto similar al cambio climático, pues hasta no ver como el agua o el fuego visita la sala de nuestra casa, lo seguiremos viendo como un fenómeno aislado que solo afecta a los exóticos habitantes de islas y archipiélagos lejanos.


Sabiendo esto, parte de la solución al problema está en formar en nuestros cerebros una conexión lógica y emocional que nos permita visualizar de forma fácil los efectos de la corrupción en la vida de los demás. Para ello, podemos ver cómo funciona el cerebro en el proceso de aprendizaje y los factores que influyen en la atención, la motivación y la memoria, vitales para la correcta asimilación de conceptos...(continuará)

martes, 5 de abril de 2016

Procrastinator

Después de una semana de agotadoras demandas laborales llega el sábado. Por fin vamos a tener tiempo suficiente para los trabajos pendientes de la universidad cuando Juan, nuestro buen amigo, dice que va a estar cerca de nuestra casa y quiere saber si vamos a estar disponibles para hablar un rato. Habiendo ya encendido el computador y habiendo definido el título de nuestro proyecto, pensamos que hemos dado el paso más difícil y creemos merecer un justo descanso. Presupuestamos que nuestro encuentro tomara sólo un par de horas (máximo). Al llegar nuestro amigo salimos a buscar un buen sitio para conversar y tomar algo. La salida se prolonga si conocemos a alguien interesante en el proceso y terminamos extendiendo nuestra breve salida hasta la madrugada.

Al día siguiente, nos levantamos y el tiempo parece correr más rápido. Invertimos toda la mañana en levantarnos y llegar hasta la ducha. Llega la tarde y salimos a buscar algo que comer. Llegamos nuevamente a casa, adelantamos un par de párrafos más, cuando por nuestra mente cruza la imagen de aquella buena película y hacemos otra pausa para mirar en que funciones está disponible. Calculamos (nuevamente) que podemos terminar el trabajo en máximo una hora, por lo que nos permitimos una licencia más y vamos a verla. Llegamos nuevamente a nuestra casa. Es tarde, prendemos las luces y nos disponemos a seguir. El trabajo está casi hecho, aunque nos ha demandado casi tres horas. En instantes transmitirán el nuevo capítulo de The Walking Dead (donde van a desenmascarar al causante del virus zombi… por fin) y teniendo en cuenta que solo nos faltan las conclusiones nos entregamos al ocio. Finaliza el capítulo (no se descubrió el misterio), los párpados pesan demasiado, aunque lo suficiente para poner los párrafos suficientes, agradecimientos respectivos y enviarlo. La labor está hecha… aunque… ¿no teníamos que hacer también un ppt para la presentación del nuevo proyecto el lunes en la mañana?

Nuestro cerebro es increíble en muchos sentidos. Nos ha permitido explorar el mundo y sacar provecho de sus recursos como ninguna otra especie en la historia. Sin embargo, sigue siendo un órgano de naturaleza cortoplacista, perezosa y hedonista. Esto, pues su prioridad es la de hacer la mayor cantidad de trabajo con la menor cantidad de esfuerzo posible. Consume el 20% de la energía total del cuerpo (a pesar de que equivale solo al 2% del peso de una persona) y hace lo posible para analizar de la mejor forma y muy rápidamente las prioridades y los métodos para realizar tareas. Al exponerse ante un reto al cual no está acostumbrado, busca la forma de encontrar una alternativa o un escape, y en escenarios como el mostrado al principio, se rendiría fácilmente ante las tentaciones de no ser por la corteza cerebral, encargada de los procesos complejos como la planeación, el pensamiento y la toma de decisiones.

Al aplazar nuestras responsabilidades, el cerebro libera neurotransmisores como la dopamina que nos hacen sentir alivio y placer cuando dejamos de lado esa tediosa tarea y nos damos algún gusto. Sin embargo, al abrazar la procrastinación podemos estar creando una adicción. El sistema límbico encargado de las emociones y la memoria, así como de la personalidad y la conducta, va afianzando este comportamiento haciendo que cada vez sea más fácil caer en tales prácticas.



Sin embargo, al finalizar el efecto analgésico y encontrarnos nuevamente con fechas de entrega, entramos en un estado de estrés. En este caso, el cerebro libera la hormona glococorticoides, que si bien protege a los organismos en este estado, al intensificarse termina dañándolos severamente. Otro agradable efecto de esta autoimpuesta situación es el que sentimos a causa de la amígdala. Ligada a las emociones y especialmente al miedo, trabaja en conjunto con el hipotálamo, que regula el funcionamiento del sistema nervioso. Bajo presión, podemos llegar a sentir pánico, ansiedad y agotamiento a causa de situaciones que nos rebasan y para las cuales tuvimos tiempo de sobra de no ser por la interrupción de Juan… ese taimado Juan (aun así, la gran mayoría de las personas siguen indicando en sus entrevistas de trabajo que aman la presión, un jefe que grite fuerte y los horarios extendidos).

martes, 29 de marzo de 2016

Religiology

 Ni por la razón, ni por la fuerza…

Hoy vemos como somos partícipes (y víctimas gustosas) de campañas publicitarias cada vez más sofisticadas que influencian fácilmente nuestra escala de valores y dan un significado diferente a las palabras. Exclusividad, distinción, estilo… parecen reducirse a sinónimos de marcas como Apple, Chanel o Volvo.

Las empresas de primer nivel han comprendido que encantar la mente lógica es una ilusión si no son capaces de seducir al verdadero jefe tras las decisiones de compra. En ese sentido, las experiencias de marca buscan crear un atajo hacia el corazón del cliente, haciendo que el producto sea solo un vehículo de la compañía hacia las emociones del cliente, que ya no compra zapatos ni discos, compra un estilo de vida.

En este contexto, las religiones modernas ya no solo parecen servir de refugio a millones de personas que buscan un significado existencial. También, se han vuelto un campo interesante de estudio para dotar a las marcas de vida y personalidad. Tras entrevistarse con varios líderes religiosos, Martin Lindstrom, en su libro Buyology, identifica diez factores clave tras el éxito de estas congregaciones: Visión clara, narrativas, sentido de pertenencia, atractivo sensorial, poder sobre los enemigos, grandeza, evangelismo, símbolos, misterio y rituales. Cada una de estas características están integradas a nuestra vida, pero no hay duda que el nivel de júbilo que alcanzan las personas en medio de los cultos son la envidia de las corporaciones.

Curiosamente, tal nivel de conexión lo experimentamos en situaciones mucho más mundanas y la neurociencia ha dado una luz al respecto. Las áreas del cerebro que se activan al comprar una consola de videojuego o al ir a un concierto (con boletas costosas preferiblemente) se igualan a la experiencia de tener contacto con el Todopoderoso… el Alfa y el Omega. Asimismo, el nivel de conexión que alcanzamos al ver determinados símbolos o estructuras parece producirnos una sensación similar al contacto con alguna deidad, potenciada si la experiencia se da en grupo

Tal conocimiento nos va a servir a futuro para identificar el tipo de sensaciones y comportamientos que queremos proyectar en las personas. Es una idea polémica. Por un lado, pensar que el agua azucarada (Pepsi, Coca-Cola) impulse ríos de gente solo para reforzar consolidar su Top of Mind o cumplir un presupuesto de ventas es una idea sin duda desalentadora.

Por otro lado, poder crear experiencias estimulantes que ayuden a conectar a la gente con algo que valga la pena es el lado opuesto de la moneda. Las decisiones (incluyendo las de compra) son al final de cuentas un reflejo de la personalidad. Poder dar rasgos distintivos a las ideas y marcas no solo facilitará lo anterior sino que permitirá diseñar experiencias que reflejen el deseo verdadero de las personas.


El futuro vendrá con campañas más elaboradas y sin duda las sorpresas en redes sociales y en la calle van a ser más audaces. A medida que profundicemos en la forma como interactuamos con determinadas experiencias, se avanzará en el diseño de las sensaciones.

Esperemos que este grado de sofisticación logre además empoderar a la gente de ideas en pro de algo realmente relevante. De momento, la rebelión contra las manchas de desodorante en las camisetas o la guerra contra el mal aliento seguirán siendo las prioridades del mundo en paz.