Pasando a la memoria, la base de su funcionamiento es la creación de nuevas redes neuronales que se activan en conjunto cuando relacionamos un recuerdo con otros. Tenemos tres tipos de memoria diferentes. La memoria inmediata nos permite recordar mientras ponemos la atención en el momento, pero de diluye rápidamente. La utilizamos por ejemplo cuando vemos un partido de fútbol. Recordamos como fueron los pases previos a una acción importante, pero tras finalizar el partido y transcurridos unos minutos (o cervezas) solo tendremos en mente los goles. La memoria intermedia permite almacenar recuerdos por unos días. Por ejemplo, podemos recordar que en una de nuestras clases el profesor llevaba una chaqueta especialmente horrible, pero detalles como si la combinó con pantalones oscuros o zapatos elegantes tienden a ser más confusos. Otro tipo de memoria es la memoria de trabajo. Ella trabaja permanentemente y la podemos ver en acción en procesos de rutina como cepillarnos los dientes. Por último, la memoria a largo plazo nos permite almacenar recuerdos en periodos de tiempo prolongados. En este caso, el hipocampo juega un papel crucial, pues sirve como localizador de recuerdos y a la vez funciona como almacén de recuerdos. La parte lateral del lóbulo frontal también interviene al guardar el significado y uso de las cosas más no somos capaces de recordar cuando adquirimos ese conocimiento. El uso de herramientas cotidianas como el habla o la escritura están ligadas a esta zona del cerebro. El cerebelo también tiene su parte al almacenar recuerdos ligados a acciones como tocar un instrumento o manejar un automóvil.
La memoria se consolida cuando la logramos conectar a situaciones que nos emocionan, hayan puesto en peligro nuestra integridad, sean fáciles de comprender, sean prácticas, relevantes o que sean acordes a nuestro sistema de creencias.
Por otro lado, tendremos problemas al recordar cosas poco relevantes para nuestra existencia, de baja activación emocional, que practicamos rara vez, difíciles de comprender o aquella que se encuentra en medio de un discurso (recordamos fácilmente lo del principio y el final).
El último componente de esta historia es la motivación. Influye en la memoria y la atención de manera decisiva. Al procesar y clasificar el cerebro un estímulo como algo beneficioso, placentero o con potencial de recompensa, carga tal recuerdo de neurotransimosres como la adrenalina, noradrenalina y (redoble de tambores) dopamina. Al llegar a nuestros lóbulos frontales, vienen cargados con una especie de combustible que disminuye la fatiga y la sensación de esfuerzo. Sin embargo, podemos ver afectada nuestra percepción de los hechos por esta sobrecarga. Así como en el amor, podemos estar ignorando las fallas y desperfectos de nuestros pensamientos e ideas si estas vienen acompañadas de una sensación fuerte de entusiasmo. Cuando la dopamina mengua, vemos las imperfecciones de la otra persona (no sabe combinar la ropa) y nuestras ideas (hay un error aritmético en la página dos de la tesis)…. viendo la realidad como es.
¿Cómo podemos aplicar estos principios a disminuir los índices de corrupción? Primero, creando poderosas relaciones emocionales y publicidad extremadamente llamativa. Una pieza publicitaria que refleje y recuerde con nombres propios políticos corruptos pero que logre ver que quienes los pusieron en el poder fuimos nosotros causaría un gran impacto. También, mostrando desde los primeros años de formación escolar que las cosas funcionan no como partes individuales sino como un sistema, creamos desde el principio un cambio de perspectiva no solo a nivel de integración de conocimiento (las matemáticas me sirven para fabricar guitarras eléctricas) sino a nivel de conciencia social. Por último, recrear de la forma más tangible posible el fenómeno de la corrupción es clave para concienciar a un público adulto sobre los alcances de estas acciones y de que cada uno de nosotros aporta positiva o negativamente al sistema cuando elegimos proveedores por los viáticos que nos ofrecen, no devolvemos dinero cuando por error nos dan más al pagar una cosa o cuando descargamos ilegalmente un videojuego (mea culpa… mea culpa).
Todo lo expuesto anteriormente es solo una perspectiva más respecto a un mal que desde el principio ha acompañado y afectado nuestra civilización. Supuestamente todas las personas tenemos un precio... o eso es lo que al menos piensan algunos publicistas, mercaderes de drogas y vendedores de tiempo compartido. Los límites de nuestra verdadera honestidad no se pueden probar en frío cuando hablamos con nuestros amigos en un ambiente controlado. Se prueban cada vez que nos llegan sobornos, nos acercamos a un sueño a costa de pasar por encima de otros o revelamos información a cambio de sexo (si, así de claro). Lo único realmente útil que podemos hacer por nosotros mismos es conocer y aceptar esos límites para evitar algunas situaciones, o si la caída es inevitable, sepamos al menos hasta que punto el tropiezo puede dejar su respectiva marca.



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