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sábado, 30 de noviembre de 2013

¿Es la individualidad un valor?

Todos los días escuchamos como se emprenden nuevas luchas por la libertad de diferentes formas. Las consignas han evolucionado en la medida que los ciudadanos caen colectivamente en cuenta de un flagelo o un derecho del cual han sido previamente privados. Cuando son pocos, los reclamos se sofocan ante las multitudes, exceptuando los casos donde los pocos conectan su reclamo con un sentido de justicia común, de tal forma que cosas como el derecho a la libertad de culto y expresión se solidarizan con pueblos indígenas o comunidades religiosas que trabajan por conservar un lugar en el mundo.

Estas muestras de libertad son algo natural en los seres humanos, mas uno duda en que medida la individualidad como tal sea algo que realmente conduzca a un resultado mejor respecto a lo que nosotros hemos logrado en los momentos que nos unimos y enfocamos la energías de muchos en un solo fin.

¿Será problema evolutivo?¿es solo nuestra naturaleza?. Lo cierto es que si miramos nuestros cuerpos y los sentimos, vemos como de haber una consciencia individual en nuestras partes ciertamente no seriamos lo que somos. Si llegase a armarse una revuelta por que los derechos del intestino delgado se igualasen a los del corazón, o si los codos se pusieran celosos por los múltiples logros de las manos quedaría solo lugar quizás para la inercia.

De la misma forma, si bien luchamos por una igualdad basada principalmente en el respeto hacia la libertad de expresión (de tal manera que no desaparezcamos del mapa cuando critiquemos o alabemos algo o a alguien), somos de alguna forma conscientes que de funcionar como un todo y no como unidades separadas como lo hacemos el progreso sería concebido de forma muy diferente, empezando por los indicadores económicos, las variables sociales y las complejidades financieras que solo unos pocos estudian y otros en verdad entienden (o inventan).

No veo la verdad que exista forma rápida en la que lleguemos a funcionar como un organismo. Nos despertamos en un momento donde poseemos consciencia de nuestros cuerpos y de nuestro entorno. Es un instante donde los seres humanos luchan por encontrarse a si mismos y hallar un lugar en la sociedad.

De momento casi debemos seguir haciendo un acto de fe en que las instituciones que creamos y a las que inconscientemente damos una personalidad (si no, pregúntense por un instante que sienten cuando ven marcas como Mc Donald's, Adidas o Colombia en un aviso) se dirijan hacia algo que beneficie a todos. 

Es una fe por momentos vacía para muchos, en especial quizás para los trabajadores que invierten mas de 8 horas diarias en una labor, o para aquellos que ya no saben que es descansar un fin de semana completo, pues a pesar de que vivimos gracias al salario que percibimos de muchas de estas empresas, dentro nuestro sabemos que su naturaleza solo favorece a sus fundadores con un beneficio residual para la mayoría de sus empleados.

La realidad vista así parece oscura, mas solo hace parte de un proceso natural que puede que se replique en algún otro lugar del universo. Lo cierto es que en medio de nuestras luchas nos vamos acercando poco a poco, y de manera inevitable, a la unidad... o a la extinción.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Presidentes

El día de ayer, el presidente Santos anunció formalmente su intención de ir a las urnas para ser reelegido y, desde luego, la noticia generó gran revuelo en la nación. Si hasta hace un par de días la cobertura mediática se volcó hacia las declaraciones del dueño del restaurante Andrés Carne de Res, hoy y por no pocas semanas el tema será el presidente.

He leído algunas reacciones respecto a la posición de diversas personas. No he encontrado mas que aquello perfectamente predecible, donde los pensadores de la nación ofrecen declaraciones diplomáticas en pro y en contra de esta decisión. De fondo, sin embargo, queda el pueblo y sus expresiones folclóricas, que hasta el momento inclinarían la balanza hacia la no reelección del presidente, si uno se pone a ver la cantidad de memes en contra del mandatario.

Estas reacciones no me sorprenden, pues desde que tengo memoria, la ironía y el cinismo han sido los motores para criticar a cuanto político aparezca en pantalla. Igual, tras el espectáculo, la gente que va a las urnas termina decidiendo los mismos patrones disfrazados cada año de una banderita diferente. En resumen, si la sección de farándula no es suficiente embrutecedor natural del pueblo, seguramente la sección política de los noticieros terminará el trabajo.

Santos, Uribe, Pastrana, Gaviria... son solo etiquetas de gatos gobernando ratones, donde estos últimos ilusoriamente piensan que los gatos legislaran para hacer ratoneras mas grandes, aumentar sus posibilidades laborales, mejorar sus salarios y velar por la salud de sus pequeños electores.

Dentro de un poco mas de seis meses estaremos nuevamente, camino a las urnas, eligiendo una ilusión y despertándonos haciendo memes. Después de todo, tras quejarnos, el único bálsamo para nuestros errores es la de crear material ofensivo que a los reyes, lejos está, de hacerles algún verdadero daño.

viernes, 8 de noviembre de 2013

En el país de 1,5 libros al año

¿Vale la pena escribir en un país que lee tan poco y se deja engañar tan fácil?

La respuesta es y siempre será, si. Escribir la mayoría de las veces es un ejercicio sumamente necesario, donde los que lo valoramos vemos una forma de expresar toda clase de situaciones que de otra manera se transformarían en nada. 

Escribir bien es un ejercicio producto de la libertad, cuando entre otras cosas no se está presionado por la opinión cultural o política, sino que simplemente surge como una expresión del alma. Aveces la expresión toma forma de crítica, en otras ocasiones toma matices literarios.

Concuerdo con que escribir bien no es solo ensamblar palabras elegantemente, sino que sucede cuando el autor es sincero y plasma parte de si en sus escritos. Ya los artículos por mandado entran en una categoría diferente.

Vale la pena escribir, pues a pesar del bajísimo número de lectores, en algún momento estos textos servirán como herramienta histórica, mostrando el espíritu de nuestra época o la falta del mismo. 

De otra parte, la escritura y las artes funcionan como legado, como parte de la única posible inmortalidad que logremos alcanzar. Puede que tras morir no exista consciencia que trascienda, y perfectamente nuestros trabajos pueden quedar en el anonimato, mas el hecho de mirar atrás y ver en vida algo producido por uno, es algo que genera satisfacción siempre, independiente del reconocimiento que lo acompañe.

Escribir en conclusión es una necesidad, es la expresión del corazón y de la mente. Un lugar espléndido donde dos universos por momentos antagónicos trabajan de la mano.