¿Vale la pena escribir en un país que lee tan poco y se deja engañar tan fácil?
La respuesta es y siempre será, si. Escribir la mayoría de las veces es un ejercicio sumamente necesario, donde los que lo valoramos vemos una forma de expresar toda clase de situaciones que de otra manera se transformarían en nada.
Escribir bien es un ejercicio producto de la libertad, cuando entre otras cosas no se está presionado por la opinión cultural o política, sino que simplemente surge como una expresión del alma. Aveces la expresión toma forma de crítica, en otras ocasiones toma matices literarios.
Concuerdo con que escribir bien no es solo ensamblar palabras elegantemente, sino que sucede cuando el autor es sincero y plasma parte de si en sus escritos. Ya los artículos por mandado entran en una categoría diferente.
Vale la pena escribir, pues a pesar del bajísimo número de lectores, en algún momento estos textos servirán como herramienta histórica, mostrando el espíritu de nuestra época o la falta del mismo.
De otra parte, la escritura y las artes funcionan como legado, como parte de la única posible inmortalidad que logremos alcanzar. Puede que tras morir no exista consciencia que trascienda, y perfectamente nuestros trabajos pueden quedar en el anonimato, mas el hecho de mirar atrás y ver en vida algo producido por uno, es algo que genera satisfacción siempre, independiente del reconocimiento que lo acompañe.
Escribir en conclusión es una necesidad, es la expresión del corazón y de la mente. Un lugar espléndido donde dos universos por momentos antagónicos trabajan de la mano.

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