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martes, 19 de abril de 2016

El hombre que confundió el erario con su cuenta bancaria (Parte II)

Existen dos tipos de aprendizaje. El implícito que se produce de forma automática, se aloja en la memoria de largo plazo y es vital para la supervivencia. Un ejemplo de esto es cuando aprendimos que el metal, tras exponerse al calor, toma un tiempo en enfriarse aun cuando no está al rojo vivo. Lección dolorosa para quienes crecimos en casas con estufa eléctrica. De ahí, que cuando surge una situación similar procuramos, al menos, usar un guante o sujeto de prueba (entiéndase, primos lejanos) para evitar pasar por la misma situación.

El segundo tipo de aprendizaje es el explícito. En este caso, estamos plenamente conscientes de que estamos asimilando una lección y tiende a ser de difícil retención respecto al aprendizaje implícito, pues en la mayoría de casos no hay una asociación emocional implícita.



El cerebro procesa la información proveniente del mundo exterior y trata de dotarla de contexto. Para esto, se crean nuevas conexiones neuronales o se utilizan las existentes. Es exitoso el aprendizaje cuando se logra incorporar a un bloque de información. Por ejemplo, podemos pensar en la bandera de España y asociarla con Barcelona, Madrid, Miguel Bose o la paella. Cuando percibimos un estímulo procesado por la amígdala, se crea la asociación emocional, luego llega hasta los lóbulos prefrontales donde se asocia el evento (la estufa está caliente) con sus atributos dependiendo de nuestra experiencia previa (por ejemplo: puede quemarnos, debo usar guantes, podemos cocinar las verduras).

La atención inconsciente permite filtrar la información de nuestro entorno y detectar cambios. Sabemos que es limitada, pues el cerebro evita tener una sobrecarga ante el bombardeo de 11 millones de unidades de información por segundo. En este sentido, el primer filtro que realiza nuestro cerebro lo hace el SARA (Sistema Activador Reticular Ascendente). Filtra el 95% de la información y es sensible al cambio.


El color, el movimiento, el suspenso y la sorpresa lo activan. Tras haber sido filtrada la información, el tálamo de da un contexto de acuerdo a lo que percibimos con los demás sentidos y pasa al complejo amigdalino que le dará una asociación emocional y transportarla finalmente a la corteza prefrontal. Podemos darnos cuenta que primero se genera una emoción y luego la razón que la acompaña. A esta situación, Joseph Ledoux la denominó con los nombres camino corto y camino largo. La generación de la emoción toma alrededor de 125 milisegundos, mientras el juicio lógico tarda 375 milisengundos. De ahí que haya nacido el concepto de secuestro amigdalino o emocional, pues antes de darnos cuenta de cualquier situación de forma racional, ya nuestro cuerpo ha reaccionado de forma positiva o negativa ante una situación.

La atención ejecutiva por otro lado es aquella que activamos de forma consciente y cuyo objetivo es enfocar nuestra atención sobre una tarea ignorando las distracciones del entorno. Demanda una gran cantidad de energía y se estima que empezamos a usarla al tener entre 3 y 4 años.

Asi como el SARA nos sirve para filtrar información, el cíngulo o corteza cingular anterior nos ayuda a mantenernos enfocados aun cuando nuestro vecino insista en taladrar su pared mientras intentamos memorizar los acordes de una nueva canción de Arjona… perdón, de Gustavo Cerati.

El cerebro no puede sostener la atención de forma permanente y hoy sabemos que podemos obtener atención total de una persona durante unos 10 minutos máximo, después de lo cual solo tendremos su atención parcial por un periodo aproximado de 45 minutos a menos que reactivemos el proceso cerebral con algún cambio.

El cerebro enfocado, sin embargo, siempre está pendiente del entorno por cuestiones de supervivencia. Si nos entregáramos de lleno a una actividad, seríamos incapaces de percibir amenazas exteriores como un posible atacante o recordar el arroz que dejamos cocinando hace dos horas. En el proceso de aprendizaje, es importante inducirnos a mantenernos motivados, seguros de que vamos a aprender, curiosos, graciosos (por ejemplo: Sociometer = tengo un socio de un metro de altura) y en lo posible procurar ambientes con pocos elementos distractores...(continuará)

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