Hoy cumplí la cita anual con la nueva película de Woody Allen. Como siempre es una experiencia diferente. No hay explosiones, ni secuencias computarizadas... o espectros omnipotentes que mueren mágicamente si los alumbra una linterna... Es un cine de seres humanos, situaciones hilarantes y una estética sumamente bien cuidada. Como leí en alguna reseña, sus películas sirven casi como guía turística.
Aparte del placer que me producen, volví a disfrutar la experiencia de una buena sala de cine y un buen ecosistema en la sala. Admito que mi entusiasmo por la pantalla grande ha menguado un poco y hay varios factores que influyen. Puedo considerar que soy obsesivo con algunas cosas, pero no creo ser el único que se molesta con varios factores ambientales:
- Gente que no puede quedarse callada por dos horas... Y aún hay bárbaros que se atreven a contestar y hacer llamadas
- Añadir a lo anterior, novios en plan conquista que no tienen reparo en dañar escenas perfectamente elaboradas para hacer reír a la novia de turno... inaceptable, excepto en películas que nunca debieron haberse producido como Batalla los Ángeles o en cualquiera de Dago García
- Las luces de los smartphones
- Gente que nunca aprendió a comer con la boca cerrada
- Las tradicionales patadas en los espaldares
- Sillas sin aceitar
- Gente agripada incapaz de llevar pañuelo alguno (esto solo ha sucedido un par de veces, he de admitirlo)
Creo que la lista no se puede alargar mucho más, aunque he de decir que de estos males, el espíritu impío de whatsapp es el que más se ha proliferado. Es imposible ver ya película alguna sin que se prendan luces, como luciérnagas.
De momento es todo. Un artículo sin trascendencia alguna, pero siempre es bueno volver con algo. Feliz domingo!

batalla de los angeles...
ResponderEliminar