A dios le gusta la gente corriente, por eso hizo tanta
Carlos Busqued
Está claro que hoy en día disponemos de una libertad sin precedentes
para expresarle a la gente lo que sentimos y pensamos, pero hay algo que
personalmente me llama la atención. Al inscribirse a una red social uno se
puede dar cuenta del cambio que ha significado tal poder y como este transforma
la forma de pensar en la gente y esto se ve reflejado en los mensajes, fotos y
videos que llenan los muros de una cuenta de Facebook por ejemplo.
Aunque inicialmente iba a criticar la gran cantidad de cosas inútiles
que muchos “piensan” plasmadas en sus estados (llegué del trabajo J, tengo friooo L, chacha….uuuuuiii
paseitoooo :p), creo que estas manifestaciones son producto de un gran cambio
de estructura mental en un periodo de tiempo muy corto. Y por gran cambio no me
refiero precisamente a una mejora. El hecho de que se haya multiplicado el
bombardeo de información ha hecho que el cerebro se adapte para procesar pequeñas
cantidades de estímulos a una gran velocidad, produciendo un resultado
igualmente insatisfactorio. La disminución de los espacios destinados a pensar
y al análisis va en detrimento de productos mas complejos entre la gran mayoría
de las personas.
Aún mas llamativo es el hecho de que esta tendencia es fortalecida
constantemente por la gran cantidad de seguidores, que ya sea vía facebook y twitter
con ayuda de los “me gusta” o el número de seguidores, contribuyen al consumo
rápido de las píldoras que tanto famosos como amigos cercanos ofrecen en pocos
caracteres.
Soy partidario de que muchas de las soluciones a los problemas más
complejos de la vida proceden de las fuentes más simples, pero no creo que la
tendencia que describo contribuya a darle solución a problema alguno. Para mí,
el hecho de que muchos constantemente publiquen cosas sin sentido es más un
síntoma de la ansiedad, aislamiento y necesidad de reconocimiento que padecemos
como sociedad.
Pienso en cuán difícil es encontrar hoy en día talentos excepcionales,
por ejemplo, en literatura y música. Personalmente no siento que haya alguien
que esté haciendo época por algo que no sea la excentricidad de su vida
privada, que casi parece más bien una vida al acceso de todos. En este momento
no tengo en mente ninguna persona, pero supongo que tales cosas no solo
dependen del talento sino de las circunstancias que acompañan el ascenso de lo
que una persona transmite. La pobreza, la guerra o la enfermedad parecen
catapultar algunas emociones que cotidianamente apreciamos poco o ahogamos con
tweets.
Hay que rescatar que gracias al cambio se ha hecho
más fácil el acceso a estímulos que hasta hace unos años era solo posible
adquirirlos comprándolos. Es posible hoy en día conseguir prácticamente
cualquier canción y los libros en PDF de gran calidad están cada vez más al
acceso de muchos. Pienso que para aprovechar esto, la curiosidad y la
imaginación deben estar funcionando y esto no se consigue si no se le deja un segundo
de pensamiento libre al cerebro. Las pausas, el silencio para oírse a uno
mismo, lo conducen a uno hacia lo que en verdad puede llenarnos.
Concluyo de esta breve observación que el camino que estamos tomando como civilización tiende a crear uniformidad. Creo que de no ser por tantos distractores, uno podría escuchar su corazón para descubrir por lo menos lo satisfecho o infeliz que uno se siente al hacer lo que uno hace, y de paso concienciarnos de la diversidad nuestra. Si la clave para funcionar como sociedad habita en nosotros como lo planteó Steve Jobs es su famosisimo discurso en Stanford, puede que baste un periodo breve de aislamiento para descubrir que el sensor que nos indica nuestro propósito real siempre nos ha acompañado, hablando en voz baja, ahogada en un mar de cosas que nunca necesitaron ser publicadas.

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