Hay muchas cosas en el mundo que marchan mal, otras que marchan bien y otras en proceso de cambio. Hoy, sin embargo, quiero compartir algo que en verdad me frustra y es común en especial de ver en la cultura latinoamericana y es el amor por el dinero... fácil.
La cúspide de la cultura narcotraficante y sus padecimientos en Colombia tuvo lugar a finales de la década los 80 y principios de los 90 con la muerte del súper capo Pablo Escobar. Estamos ya en el 2013 y ante la desaparición de los atentados de los mafiosos (siguen los de las FARC) pensamos que la mano obscura de las drogas ha menguado, cuando en verdad esta sigue permeando la sociedad, ya no con el terror diario de las bombas sino con hordas de personajes que corrompen todos los días las vidas de jóvenes convertidos en sicarios y mujeres convertidas en rameras.
Hoy quiero exponer una visión muy personal del asunto. No puedo dejar de sentir tristeza y frustración cuando florece la mentira de la sociedad y la prosperidad (esa que es duradera, sólida y constante) es usurpada por la farsa vestida de lujos.
Siento rabia de ver como gente (algunos conocidos) prospera con tanta facilidad vendiendo sus cuerpos o su alma, mientras el trabajo honesto es para la mayoría de colombianos mal pago y poco valorado.
Hoy no quiero profundizar en la cantidad de variables que entran a jugar en la decisión de alguien para rebajar su condición como ser humano a la de una "máquina" dispensadora de placer o muertos. Quiero solo plasmar mis sentimientos al respecto y hacer una entrada corta. Creo que de vez en cuando utilizar mi blog para desahogarme lo hace aún mas personal.
En próximas entradas estaré publicando la otra cara de la moneda, la de mostrar. Aquella cara donde gente como Raúl Cuero, Rodolfo Llinás, Mario Hernández o el mismo Falcao García componen. Son héroes como estos los que producen las energías para creer en un país decente, bien hecho, cada vez mas libre del progreso egoísta que solo las mentes cortoplacistas pueden contemplar.

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