Escribir sin una inspiración concreta puede ser, al principio, algo realmente poco estimulante. Las letras no se ensamblan fácilmente cuando uno no tiene claro hacia donde van las ideas, mas el mayor riesgo de hacer un ejercicio sin la inspiración es la de crear un artículo que no sirva al final para nada. De otro lado, puede que surja algo nuevo que de alguna forma valga la pena.
Hoy no empecé con mayor motivación para escribir. Empecé por hacer el experimento y tratar de conectar algunas palabras solo para hacer el ejercicio al contrario de lo que suelo hacer, donde la inspiración o un tema claro aparece primero. A medida que mas avanzo (y supero las distracciones, mas presentes que de costumbre) empiezan a formarse las primeras oraciones y se empieza a vislumbrar la idea tras el escrito. Paralelo a esto, siento como se incrementa la energía que suelo sentir cuando tengo algo que decir y el sistema empieza a correr aún con mas fluidez.
Escucho música aleatoria, cierro un par de páginas de internet (facebook y skype siguen abiertas) y sigo en frente de mi teclado. Por mi mente pasan ideas varias, aunque poco sólidas, para un posible nuevo escrito. Mientras esto sucede, alguien me escribe, nada importante... Mi teléfono celular cambia a una nueva canción y el aroma a chocolate inunda el ambiente. Estoy sentado en frente de mi computador y cae la tarde. Previo a que el telón oscuro se extendiese prendí mi lámpara, y solo con ella me basta para alumbrar mi escritorio. Miro por la ventana brevemente y el día empieza a morir de la mejor forma. El cielo se tiñe de un azul cada vez mas oscuro y las nubes sin forma definida parecen en pausa. Afuera, el frío acaricia las gentes que caminan en la tarde-noche de un día festivo tras un fin de semana de júbilo.
Suena otra canción... es horrible para este momento y decido pasarla a una mejor. He decidido no dejar morir la atmósfera y suena algo clásico del rock en mi idioma. Las luces artificiales ya hacen presencia con mas fuerza y el frío penetra con algo mas de facilidad a las casas. Aceras vacías, tráfico perfecto, tras un fin de semana movido descansamos nuestros cuerpos.
Imagino la mente de las personas. El domingo es un día agridulce para algunos, donde se despiertan reponiéndose de una noche larga y luego van a la cama con la tensión de una nueva semana de trabajo. Para otros es un día perfecto. Nada como recorrer las calles solitarias y los establecimientos. Para otros quizás es un día cualquiera tras años de rutina. La costumbre se impuso hace tiempo y no queda mas que conservar lo establecido.
Reviso finalmente lo escrito y me da gusto verlo. Decido publicarlo. Alguien lo lee y lo termina (espero). Recibe las gracias de su escritor y abre una nueva página de internet. La vida continua.

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