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martes, 7 de octubre de 2014

Escritos

Hace un buen tiempo no me animaba a publicar nada e incluso a escribir. No creo que haya sido por falta de temas sino por falta de esa necesaria mezcla entre voluntad, tiempo, lugar e ideas. Especialmente cuando la voluntad y el lugar no son propicios, personalmente empiezo a tener serias dificultades escribiendo, aunque en honor a hacer las cosas simples, los factores antes mencionados sucumben ante el simple hecho al temor básico de salir con algo que no sirva para nada.


El temor a salir con un chorro de babas reside en esa especie de lapso entre una idea que se cocina solo en la cabeza y que uno espera, de alguna forma, que le salgan pies, cabeza, cuerpo... que le salga forma en últimas. Mientras tanto, llega algo medianamente entretenido o importante que hacer en la vida real y la idea se dilata, desaparece como el papel disuelto de a pocos en un vaso de agua. La intención muere aveces de solo imaginar salir con algo salido de la mente de un párvulo, cuando ya se tiene 27 años, un título universitario, un segundo idioma y 1,82 de estatura... Sin embargo ese miedo desaparece cuando simplemente uno no se propone mentamente escribir como Oscar Wilde, crear mundos fantásticos como Tolkien o despacharse en prosa como Allan Poe, sino simplemente dejarse llevar como un Carlos cualquiera. La esencia de la escritura va en la autenticidad. La misma que hace que un escrito se defienda con valentía si es sometido a prueba como bien mencionaba Woody Allen en Media Noche en París.


Creo que para escribir en esta época, donde los escritos y los blogs abundan y se refunden entre ellos mismos como pequeños insectos frenéticos en una tarde soleada de verano, hace falta morir a uno mismo... o mejor aún, a la idea de que con tres publicaciones medianamente decentes al año van a llover los contratos para dedicarnos como bohemios vagabundos a rondar las calles en busca de inspiración, eso si, bien pagos. Escribir ante la avalancha de opiniones y medios certificados (supongo que por ellos mismos) se ha vuelto un ejercicio personal. En esta época se escribe para uno y quizás para alguna alma amiga que quiera incursionar un poco en este reino personal.

No se que vaya a pasar con la calidad de los escritos de este espacio (si es que tal concepto existía en la mente de los entusiastas lectores), pues la linea editorial siempre ha sido bastante flexible especialmente gracias a la falta de patrocinadores que obliguen a la publicación permanente y bajo determinados parámetros. Lo que si es cierto, es que lo peor que puede uno hacer es dejar pasar los momentos para escribir algo esperando que llegue la gran idea. Asi como una buena pareja o un buen negocio, los buenos escritos solo se encuentran haciendo y buscando.

Para no hacer aún mas largo un escrito ya de por si extenso en la generación 150 (caracteres), me da gusto publicar y volver a aparecer en el mapa de alguna forma. En el peor de los casos lo que se pueda hallar tras despejar el ruido en la mente es algo que en verdad valga la pena.

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