Nunca se escribe mejor que cuando se escribe para si mismo. Es el ejercicio más auténtico, liberador y propio. No hay palabras malas ni estructuras en desorden, cuando se le da libre fluir a la mente y esta se encarga de unir cada letra, cada párrafo.
Es como navegar en un rio incierto pero certero. Cualquier camino es bueno y solo está la corriente. Se espera todo y se espera nada. A lo lejos se ve nuestro destino. Una ciudad brillante, o una playa... A lo mejor algo diferente. Lo cierto es que nunca llegaremos a tal sitio porque el rio es eterno y el mismo es el fin. Todo principio y final.
La barca pescadora de sueños, recuerdos, deseos, fantasías, desilusiones... amores y desengaños, trae a cubierto las imágenes que traducimos en letras.
Nunca se escribe mejor que cuando se escribe para si mismo...

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