"Lo que se necesita no es la voluntad de creer,
sino el deseo de descubrir,
que es exactamente lo contrario"
Carl Sagan
Hace un par de días fue recordado Carl Sagan, uno de los mejores astrónomos y divulgadores científicos de todos los tiempos. Su obra quedó plasmada no solo en su serie Cosmos, sino también en libros varios como El Mundo y sus Demonios, Un Punto Azul Pálido o Los Dragones del Edén.
Sin embargo, uno de los libros que más recuerdo de el es La Diversidad de la Ciencia. No solo lo tengo en mente por su espléndido contenido sino por haber llegado en una etapa de mi vida donde, tras dejar el cristianismo, navegué un poco a la deriva espiritual tratando de armar de nuevo un rompecabezas donde solo habían dudas e incertidumbre. Recuerdo esta lectura con especial aprecio, pues confirmaba una perspectiva sumamente valiente y firme sobre la vida. Un punto de vista donde podríamos ver lo hermoso del mundo, sus grandísimos defectos y aún así irnos a la cama tranquilos e ignorantes.
Con lo anterior me refiero a la tranquilidad que acompaña finalizar una jornada sabiendo que hay muchas preguntas por contestar, pero la falta de respuesta no implica que se deba llenar con cualquier cosa. La ausencia de prueba no es prueba de ausencia indicaba también Sagan, y es una invitación tanto a creyentes como a escépticos para no cerrar las puertas del conocimiento cuando las evidencias (y no el juicio subjetivo) lo indiquen. Igualmente creo que no hay que manejar certezas absolutas, de tal forma que si hay una evidencia abrumadora que contradiga lo que creamos sea aceptada y podamos adaptarnos a un nuevo paradigma.
En este sentido, soy consciente de cosas en las que tengo un mayor grado de confianza respecto a otras. Creo que no hay que tener miedo a la muerte, pues de entrada sabemos que es inevitable y no hay certeza alguna de que haya algo después. De haber algo luego (digamos, un juicio), creo que de la única forma que podré mirar a un posible creador de frente es habiendo aceptado mi naturaleza y en esa misma medida tengo la tranquilidad de que tal ente (o dios) no me supondría castigo alguno, aunque tampoco espero una recompensa específica. Me siento seducido con la idea de un espíritu universal, mas creo fascinante la conexión que ya tenemos a nivel atómico y celular con el cosmos. Por otra parte, descarto la idea de la existencia de un dios vinculado a cualquiera de los cultos existentes, y creo que de haber algo así no necesita intermediarios, aunque puede que mande un mensajero o circunstancia de vez en cuando para hacernos un par de preguntas. Todo lo anterior lo pongo sin grado de certeza absoluto. Las evidencias y el camino van mostrando las pistas.
Hay personas que se aferran a una posición pues esta les ha dado algo de luz para continuar el sinsentido que es por momentos la vida. Desde luego prefiero una persona viva aferrada a esa luz que una muerta que no se aferró a ninguna esperanza. Sin embargo, creo que tal posición debe evolucionar y ponerse a prueba cuando se deciden explorar otras perspectivas y se esta dispuesto tanto a aprender de ellas como a comprender que hay puntos de vista y formas de ver la vida muy diversas.
Para finalizar les comento que estoy próximo a empezar una maestría. Estaré aprendiendo muchas más cosas sobre el cerebro, y mi expectativa es grande, pues creo que el estudio es una especie de viaje espiritual. Estaré escribiendo en la medida de lo posible sobre estos nuevos hallazgos y desde luego se harán presentes los escritos sobre música, cine o la vida que pasa.
De momento no es más. Espero la pasen bien. Para finalizar... música del gran Cerati
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