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jueves, 6 de marzo de 2014

Marketing y el arte del estrés

Una de las actualizaciones de estado que recibo casi sagradamente por Facebook es la de la revista P&M, especializada en mercadeo. Asi me desactualizo un poco menos rápido (ya que hoy es imposible ponerse al día) de las cosas que pasan en un medio que me interesa, pero que al mismo tiempo me causa algo de ansiedad.

Lo cierto es que hoy las campañas publicitarias se mueven a una velocidad mucho mayor respecto a cualquier época. El bombardeo de productos es casi insoportable por momentos. Vemos en televisión pública mas propagandas que programas y no falta espacio que algún "genio" del mercadeo piense en hacer rentable.

Detrás de la sofisticación de las marcas, los eventos y las campañas, siempre hay un esfuerzo titánico para ganarle unos milímetros a la competencia. Desde la contratación de la compañía que nos va a hacer el stand para el evento que tenemos en media hora, hasta el diseño de un promocional, la prisa es la constante para llevar a cabo productos, que a pesar de su belleza, por su naturaleza perecedera solo vivirán en la mente de los consumidores por unos instantes (si antes no acaban arrugados en una caneca o en la bandeja de correo no deseado).

¿En verdad vale la pena semejante esfuerzo? De alguna forma, si. De lo contrario difícilmente podremos mantener andando nuestros imprescindibles Volvos. Por otro lado, hay mucha gente invirtiendo energía en toda una serie de angustias sin trascendencia alguna y cuya recompensa se verá representada en la cerveza de los miércoles en la noche.

Personalmente, el ver la cantidad de energía invertida en posicionar una marca me produce una sensación de vacío. Es como si la vida se fuera en algo que si bien impacta, no lo hace en la misma medida que las artes lo hacen. Y relaciono el arte con el marketing porque de alguna forma la primera es de gran inspiración para los productos de la segunda, solo que sin la misma alma. 

Horarios, gritos, prisas y esfuerzos. La vida ciertamente no es fácil pero hemos sabido arreglarla para hacérnosla más complicada. La cuestión está en si uno siente el placer o satisfacción sabiendo que a pesar de semejantes esfuerzos, lo mejor que en un momento de la vida estamos produciendo acabará sin ser reconocido, ya que a diferencia de las artes, el éxito en mercadeo va marcado con el signo pesos.

Asi, la próxima vez que llegue publicidad a nuestras manos, podemos pensar no solo en comprar algo por un aparente súper descuento, sino en el valor de la existencia de este tipo de cosas mientras aprisionamos el papel en nuestras manos antes de tirarlo a la basura. 

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