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martes, 8 de agosto de 2017

La mentira del hombre furioso

Los seres humanos tendemos a percibir como más creíbles a aquellos serios, malhumorados y amargados. Los pesimistas son vistos como una luz en el camino, tanto para aquellos que presienten que la belleza de la realidad en un punto dado puede ser solo una ilusión, como para aquellos que buscan una explicación a su desgracia.

Por naturaleza tendemos a poner la aversión a la pérdida por encima de la disposición a la ganancia. Debemos admitir que estamos frente a nuestras computadoras gracias a la desconfianza de nuestros antepasados. Ante a los retos que la naturaleza imponía, sobrevivían aquellos mejor armados frente a los entusiastas semidesnudos que se adentraban en el bosque con solo unas ramas. Tales instintos aún se encuentran en nosotros, alojados en el cerebro reptiliano; nuestro instinto de conservación.

Lo anterior suena bien, puede ser convincente, pero son evidentes también sus efectos negativos en la salud y el ánimo. La recuperación tras un accidente, por dar un ejemplo, suele ser menor en pacientes cuyo estado de ánimo es negativo o pesimista. Respecto a las relaciones sociales, es evidente el éxito de aquellos eternos creyentes del pensamiento positivo. Predicadores del si se puede y el amor verdadero...

Sin duda mi personalidad encaja más en el primer grupo de oscuro entusiasmo. Por otro lado, debo admitir que la vida sería mucho más fácil para los de nuestro club si tan solo no sintiéramos esa poderosa atracción hacia la ironía de la vida. Sería más fácil si tan solo no reparáramos en las ideas exitencialistas (o cualquier otra, dependiendo de la corriente filosófica de interés) y nos dedicáramos a subir fotos a instagram, llenar facebook de frases positivas o escuchar música de sonidos repetitivos y letras ligeras. A lo mejor así, la recuperación de aquella costilla fracturada, así como de los desengaños, se verían reducidos a ligerezas como la de no haber podido conseguir nuestra marca de shampoo favorita o habernos perdido el final de temporada de Game of Thrones (conozco un par de fanáticos).

Dejando de lado lo anterior, pienso que si bien es tentador guiarnos por los que nos avecinan desgracias en la radio de las mañanas y nos predican de un país peor, son superiores los visionarios que se aventuran no solo a buscar oportunidades para su propio lucro sino que además las comparten e inspiran para que muchos se beneficien de ellas. Hay que admitir, en medio de la tristeza que por momentos nos embarga, que es más constructivo pensar en que se puede superar una decepción amorosa o el fallo profesional respecto a sumergirnos en la vorágine, convirtiéndonos en profetas del desastre, y en el camino, en cobardes.



Creo que lo anterior se puede homenajear de la mejor forma intentando amar de nuevo, reparar nuestras relaciones dañadas (así las circunstancias sean cada vez peores, aunque pienso que la insistencia tiene sus límites anímicos y legales), enviando nuevamente hojas de vida, estudiando, creando empresas... Somos producto de millones de años de evolución, debemos actuar, así sea por un maravilloso instante, como tal.

Escrito por un pesimista de entusiastas intenciones.

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